jueves, 5 de julio de 2012

# Cientos de páginas.


"Libro"
La palabra favorita de Andrew.

"Lluvia"
La segunda palabra.

"Coca-Cola"
La tercera.

   Saber estos datos significaba conocerlo en un 42%.
No guardaba muchos secretos. Bastaba con observarlo detalladamente para darse cuenta que sin importar adónde fuera, un libro de pasta dura sería su acompañante.

   Un par de pájaros entonaban al unísono una canción.
El columpio permanecía ahí desde que era niño, y todos los viernes acostumbraba a presentarse en el minúsculo parque.
  

Andrew se impulsaba hacia atrás y adelante para agarrar más vuelo. La brisa jugueteaba con el flequillo que conformaba su cabello.

   Toda chica aseguraba que Andrew era un buen partido. Vestía bien, leía diariamente, contaba con facilidad para expresar sus pensamientos, era un az en las matemáticas (aunque no tanto como Darren). Y, el mayor punto a su favor lo obtenía por ser lindo. Realmente lindo.

   En los baños de mujeres escribían con frecuencia ofensas que obviamente iban dirigidas a Charlotte. Pero a ella no le afectaban las palabras escritas con lápiz labial rojo. Sabía que eran mentira e incluso, Andrew llegaba a notar si sentía mal por algo que había leido. Éste, le susurraba al oído que la quería y así, ambos sonreían al recordar que podrían continuar disfrutando de la nube con forma de corazón. Una nube que inventaron los dos.


» Él es Andrew. Tiene 17 años y es consejero personal en la Preparatoria.

martes, 12 de junio de 2012

# En las canciones soy la melodía; pero en la vida lo soy todo.

Melody dice: Es la cuarta noche que aparece una silla de ruedas en mi sueño.

Brent dice: Solamente se ve reflejado uno de tus temores...

Melody dice: Y ¿¡qué tal si es lo que me ocurrirá?! Dicen que los sueños pueden hacerse realidad. 
Vamos hermano, ¿qué hago?

Brent dice: Espera

Melody dice: ¿¡Qué?!

Brent dice: Tienes razón, los sueños se hacen realidad. Eso explica porque Katy Perry aceptó salir conmigo... 

Melody se ha desconectado.


Melody cerró el portátil de golpe y decidió asomarse por una de las grandes ventanas de su dormitorio. 
Cada vez que miraba el cielo quedaba atrapada en sus pensamientos, o mejor dicho, comenzaba a reproducir en la cabeza su canción favorita, "danubio azul". 

Y en ese preciso instante, eso provocó que no se percatara del chico que la contemplaba bajo la sombra de un árbol. Éste daba la apariencia de hallarse demasiado concentrado. Presionaba con el pulgar un encendedor de color naranja, de esos que venden en el seven-eleven, y lo elevaba con un sólo fin: para que a través de la flama se viera la silueta de Melody.  

» Ella es Melody. Tiene 15 años y padece de ornitofobia y sinofobia.

sábado, 12 de mayo de 2012

# Y los colores caen como nieve.

El escritorio era el mueble favorito de su dormitorio. Generalmente se hallaba ordenado;  un portapapeles  le impedía a las hojas que se volaran, los plumones estaban guardados en uno de los cajones y a los sacapuntas y borradores los encontrarías en una caja color ámbar.

Su mayor adicción consistía en comprar una marca de colores que no tuviera. Valían tanto para ella, que hacía un año, para su cumpleaños número dieciséis, en las invitaciones colocó un renglón que sugería una caja de colores como regalo.

Estaba acostumbrada a escuchar rumores donde la citaban como la "cololela". Porque además de dibujar, solía obtener buenas notas.

Las manecillas del reloj de pared marcaron las doce de la noche. Ella sabía que en ese momento su móvil indicaría la llegada de un nuevo mensaje de texto. Estiró la mano derecha para tomarlo de la mesita de noche y leyó en voz queda:

Eres la responsable de mi insomnio, pero admito que estoy cautivado con la idea de no poder sacarte de mi mente”.



—Enséñame la tontería que te ha mandado —Exigió Lily que estaba recostada al lado de Charlotte.
—No le digas tontería a lo que me escribe mi novio.
—¿Te has enojado? —Preguntó Lily acurrucándose entre los almohadones del sillón.
—Por supuesto —Respondió Charlotte tratando de ignorarla para concentrarse en lo que le respondería a Andrew.
—Y aquí es cuando te olvidas de que estás conmigo —Dijo en modo de reproche sin poder evitar que su mirada se fijara en el labio inferior de su mejor amiga. La cual al escuchar sus palabras, olvidó lo que estaba haciendo y dejó que el silencio invadiera aquel momento.

El momento en que sus miradas se encontraron.

Charlotte se preguntaba por qué había dejado de hablarle a Kelsey. Mientras que Lily trataba de recordar cuántas pastillas se había tomado.

—Dime, ¿en qué te afecta que nos mandemos mensajes? —Le dio un codazo a Lily y ésta comenzó a reír.
—Eres tan tonta al creer que existe el amor —Continuó riendo. Esta vez con más fuerza, y Charlotte parpadeó. Supuso que a su gran amiga le ocurría eso por efecto de las drogas. Y estaba en lo cierto.

» Ella es Charlotte. Tiene 17 años y su bebida favorita es el jugo de naranja.

sábado, 5 de mayo de 2012

# Estoy bien ¿qué no ves?


  “Un disparo y todo habrá acabado, Josh”.


Mientras evocaba dichas palabras le echaba un vistazo a la pared de su nueva habitación.

“Te gustará el sonido”.


Si alguien hubiera estado observándolo en ese momento, habría vislumbrado la sonrisa retorcida que sus labios formaron.
Rió un poco. Quizás de placer, quizás de tristeza. Pero lo hizo.


Se tumbó sobre el colchón y extendió los brazos hacia ambos lados.


Detestaba el color amarillo. Nadie sabe por qué en ese momento no se levantó a golpear las cuatro paredes hasta que le sangraran los nudillos de ambas manos.


“Ni se te ocurra cerrar los ojos. Debes presenciar el momento”.




—Josh, ¿quieres ir por un helado? —Preguntó una voz femenina desde el otro lado de la puerta. 


Provenía de Abby. No podía ser de alguien más puesto que su madre estaba trabajando en la proveedora escolar y su hermano menor apenas si podía decir comida y pipí.


—Contigo no voy ni a la cocina —Se levantó de un salto, colocó la mano sobre la manija de la puerta y tiró de ella con brusquedad.— ¿¡Oíste?! —Espetó y la quedó mirando con desagrado.


Una parte de él estaba furiosa porque había interrumpido uno de sus mejores recuerdos: el día en que finalmente su padre estuvo a punto de asesinarlo.



» El es Josh. Tiene 16 años... 

miércoles, 21 de marzo de 2012

# El blanco y el negro siempre irán de la mano.


   La conoció en clases de francés. A él no le quedaba de otra porque para ese momento, el aula de español se hallaba saturada. ¡Exacto! De la nada todos compartían su sueño: viajar a México y España.

El primer día llegó con una amargura comparada con el tamaño de uno de los edificios más grandes de New York. Pero, pronto encontró una razón para soportar una hora en esa banca. Ella se convirtió en el único motivo para que siguiera pronunciando palabras del idioma romántico.

¿Lo mejor? No los distanciaban otros alumnos, ni siquiera una fila. Sólo unos minúsculos centímetros.

Ella, de cabello largo y ojos grisáceos. Piel blanquecina y voz incomparable.
Él, con el mismo look de siempre: camisa de cuadros y pantalón de mezclilla. Una pared a su lado, un poste arrumbado en la esquina de un callejón solitario. Permanecía callado, tratando de poner atención a la profesora y consideró como “día de suerte”  aquel en el que Melody le dedicó una mirada por encima del hombro para ofrecerle un caramelo de frambuesa. Su aroma y fruta favorita.

Transcurrieron algunas semanas para llegar a lo que sucedía en este momento:
Sábado, 8 p.m y TacoBell se convertía en el escenario de una cena, de la cual nuestro futuro fotógrafo esperaba algo positivo.
Había logrado hilar una conversación con ella y hacerla reír. Todo parecía perfecto, hasta que llegaron al tema de las profesiones.

—Toda fotografía que capturo debe ser a blanco y negro porque como te mencioné antes, desde mi punto de vista le da ese toque de antigüedad. — Sonrió orgulloso de sus pensamientos.

—Sí... — formuló Melody oprimiendo los labios. Sin duda estaba aburrida de sus palabras. Hubiese preferido platicar con una estatua o mejor, no haber acudido al lugar. Así que, sin más, soltó con rapidez una pregunta— ¿No has pensado en estudiar una ingeniería?




Darren frunció el ceño y logró carraspear un poco. ¡Ella también pensaba que la fotografía era una tontería! 
Todos los conocidos de Darren lo pensaban. 
Palpó el bolsillo derecho de su pantalón para confirmar que llevaba su cartera. La sacó y extrajo un billete. Lo colocó al lado del salero y sin efectuar una despedida, se puso de pie y salió del lugar. 
La bailarina sonrío del lado con malicia, sabía que lo había herido y al fin podría llamar a casa para que pasaran por ella.

Al estar sobre la acera, Darren redactó un sms con las palabras siguientes: 

Como tú no existen dos”.

Seleccionó la opción de «enviar» y en menos de tres minutos obtuvo una respuesta: Como tú tampoco, hijo”.

Se quedó pasmado ante el mensaje y en su mente una voz gritó con mucha fuerza ¡¿Es en serio?!

¿Se lo envié a mamá? — emitió un suspiro y emprendió el camino de regreso a casa con el ánimo por los suelos.

» Él es Darren. Tiene 16 años. Y también es conocido como “Darren-Doo” y “come galletas.”
                                                                            

lunes, 19 de marzo de 2012

# Mi vida no es una fotografía ni un libro, es una pintura.

   La cortina ascendía varios centímetros por la brisa que proporcionaba el aire; logrando que el dormitorio se sintiese bañado por frescura natural.
El dedo índice de Lily rozaba con suma lentitud la cabecera de su cama. Simulaba trazar las líneas por las cuales se conformaba aquella porción de madera.
Antes de dormir no había untado desmaquillante en un algodón y, tampoco logró recordar en qué cajón guardaba las pijamas.

Tenía una jaqueca que minuto a minuto se iba expandiendo más y más. Tanto así, que de seguro ni cinco aspirinas hubieran logrado quitársela. Pero Lily trataba de no consumir pastillas. Jamás olvidaría que su madre ya no estaba para preparar su té favorito debido a ellas.
Pastillas, pastillas. En realidad no son indispensables en esta vida”. Se repetía Lily.

Comenzó a tararear una de las canciones que habían puesto a bailar a todos los que se encontraban en el antro aquella madrugada. Para poder estar ahí, Lily volvió a inventarle a su padre que se quedaría a dormir en casa de Charlotte.
Esos ojos claros acompañados de unos dos o tres parpadeos eran su pase a cualquier salida. Su aspecto de niña buena resultaba un gran disfraz para esconder su otra mitad.
—Cinco de la tarde… —Dijo con voz apagada en cuanto checó la hora en su móvil. —Umm, hora de desayunar —Sonrió del lado y condujo la mano derecha por debajo de su cama.

Ahí sobre una almohada con un conejito bordado, estaba su mayor confidente: una botella de vodka.
Tomó un trago y su sonrisa se expandió al recordar que había quedado de acompañar a las niñas exploradoras a vender galletitas recién hechas.



» Ella es Lilianne. Tiene 18 años y estudia Arte.

# Té de moras

Nuestra bebida favorita es algo más en lo que nos diferenciamos. Dejamos atrás la idea del apellido, color de piel y artista favorito. 
Una noche, hicimos una promesa: "ser amigos para siempre.
Y puedo imaginarme al lado de Robin, mientras endulzo mi té de moras. Porque me casaré con él. O al menos, eso descifré en el cuadro de Lily. Ella pintará nuestra casa y Melody será la mucama. A Darren lo veo de jardinero y a Josh como el cocinero de la residencia. 

¡Cielos! Por un momento olvidé a Charlotte, claro está que ella seguirá siendo mi mano derecha, la catsup de la milanesa, el queso de las palomitas que están reventándose en el microondas. 

Tardaría días escribiendo sobre todos... 
Sí. Robin tendrá que soportar mi holgazanería.

Y así como he dicho varias veces, somos unas moras, porque tenemos cabezas gigantes. 

Esta es nuestra historia. Nuestro "té de moras."